martes, 29 de noviembre de 2016

Los cómplices civiles de Bussi y Videla

Durante el juicio por la megacausa por el Operativo Independencia se conoció un informe con los designados en la Fiscalía de Estado entre mayo y octubre de 1976. Aparecen nombres como los de la jueza Hebe López Piossek, que el año pasado anuló las elecciones en Tucumán.

El juicio por la megacausa Operativo Independencia, que se lleva adelante en el Tribunal Oral Federal (TOF) de Tucumán sigue arrojando luz sobre hechos ocurridos en 1.975, antes del golpe militar y durante el gobierno constitucional de Estela Martínez de Perón.

Es considerado como una especie de laboratorio para llevar adelante, después del 24 de marzo de 1.976, una sanguinaria y feroz represión que incluía los métodos ensayados en Tucumán, centros clandestinos de detención (como la Escuelita de Famaillá), secuestros, torturas y desapariciones. Además de una estrecha colaboración entre fuerzas policiales, militares y actores civiles.

Entre los documentos que se acercaron al TOF, integrados por los jueces Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla, Juan Carlos Reynaga y Hugo Cataldi (sustituto), se encuentra un informe de la Fiscalía de Estado de la Provincia, en el cual se consigna el personal nombrado en esa dependencia entre mayo y octubre de 1.976. Según el listado remitido al tribunal, en la Fiscalía fueron designados entre otros José Ricardo Abba, actualmente imputado en la Megacausa y Hebe López Piossek, jueza de la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, que el año pasado, junto a Norberto Salvador Ruiz, anularon las elecciones en la provincia. Posteriormente el fallo fue revocado por la Corte Suprema de Justicia.

López Piossek ingresó el 27 de mayo de 1.975 como asesora legal ya con la dictadura de Jorge Videla instalada en la Argentina y con Antonio Domingo Bussi como amo y señor de la vida de los tucumanos.

También fueron nombrados Antoni De Mathus, Alberto Román Area Maidana, Pedro Andrés Bartolletti, Angel Humberto Bustos, Federico Colombres, Eduardo Luis Díaz Romero, Arturo Forenza, Manuel Francisco, Argentina Blanca Herrera de Villavicencio, Eugenia Zaida Lobo de Gerardi, José A. Mosqueira, León Páez de la torre, Gilda María Pedicone de Valls, Esteban Miguel Rodríguez Merino y Carlos Valls.

Muchos de ellos, con la llegada de la democracia siguieron ocupando cargos de relevancia en sucesivos gobiernos, ya sea en el Poder Ejecutivo o Judicial.

El juicio por la megacausa comenzó el 5 de mayo pasado. Si bien es el doceavo por crímenes de lesa humanidad que se celebra en la provincia y el más grande, es el primero que aborda crímenes de ese tipo durante un Gobierno constitucional. Las víctimas suman 271 y los imputados, 19 ( Primera Fuente)

sábado, 5 de noviembre de 2016

Juicio Operativo Independencia: Los militares primero secuestraron a su padre, después a su bebé

Estela del Valle Gómez declaró hoy en el megajuicio "Operativo Independencia". Dijo que primero fue golpeado y secuestrado su padre, un obrero azucarero, frente a sus ojos, los de su madre y hermanitos, y que un año después, siendo una adolescente y estando embarazada, un suboficial del ejército la coaccionó para que se fuera a vivir con él, amenazándola con quitarle el bebé si no accedía a sus requerimientos; que la llevó a parir a Rosario de la Frontera, Salta, donde dio a luz, tras lo cual no volvió a ver al bebé. La tragedia se inició el 13 de enero de 1976 cuando su padre, Miguel Ángel Gómez, un trabajador del ingenio Concepción a quien apodaban "Canaro", fue secuestrado en su casa, en La Banda del Río Salí, donde vivía con su esposa Eva Victoria López y sus cuatro hijos.

“Eran las 5 de la madrugada y nos despertamos con ruidos de vehículos que rodeaban la casa" recordó la testigo que narró como cinco hombres uniformados y armados y con los rostros cubiertos patearon la puerta y entraron.

"Nos apuntaron a la cabeza con ametralladoras. Buscaban a mi padre. Le preguntaron si él era Canaro, y como contestó que no, lo golpearon en la cabeza mientras mis hermanitos lloraban, estaban muy asustados y le pedían a los policías que no golpearan más a su papá”, continuó diciendo.

Antes de irse rompieron todas nuestras cosas y se llevaron nuestros documentos, que mi madre tenía guardados en una bolsa", agregó.

Los efectivos golpearon nuevamente a Gómez, luego le ataron las manos, lo encapucharon y lo subieron a la fuerza a un auto particular de color verde para trasladarlo al centro clandestino de detención que funcionaba en la Jefatura de Policía.

“No entendía por qué se lo llevaban si él era un hombre trabajador y no un delincuente”, comentó Estela, quien contó que la familia buscó a Gómez en distintas comisarías de Tucumán y realizaron diversas averiguaciones para dar con su paradero pero fue en vano ya que continúa desaparecido.

La testigo recordó que un militar del Regimiento 19 de Infantería le dijo a su madre que ya no lo buscara porque "ya no existe’.

“Después de la desaparición de mi padre quedamos muy mal porque nos quitaron la casa, tuvimos que ir a vivir a otro barrio y quedamos desamparados. No pudimos terminar la escuela, éramos pobres y decidimos trabajar para sobrevivir ya que nadie nos ayudó”, expresó.

En 1977 Estela, que en ese momento tenía 15 años, quedó embarazada y se fue a vivir con una tía al pueblito tucumano de El Palomar, donde volvió a sufrir el accionar de los represores.

Un suboficial del Ejército que se identificó como Mario Rodríguez le propuso criar a su hijo con la condición de que se fuera a vivir con él a su domicilio y, aunque ella en un primer momento se negó, finalmente aceptó porque el hombre le prometió que no se lo iba a quitar.

"Me llevó a Mendoza y después a Rosario de la Frontera donde tuve mi bebé”, recordó la mujer, quien tras el parto no volvió a ver a su hijo, al que sigue buscando luego de radicar una denuncia en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI).

El desgarrador relato de la testigo fue escuchado atentamente por los jueces Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Juan Carlos Reynaga, quienes juzgan la responsabilidad de 19 ex miembros de la fuerza por la comisión de delitos de lesa humanidad en perjuicio de 271 víctimas, cometidos entre febrero del 75 y el 24 del 76.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Juicio Operativo Independencia: Tramo de la crónica de el Colectivo La Palta.

Escenarios fabricados

Los titulares de los diarios de mayor tirada de Tucumán, Salta y Córdoba anunciaban que cuatro ‘extremistas’ habían sido abatidos. Se trataba de Hugo Silvio Macchi, Daniel Cantos Carrascosa, Abel Herrera y Adán Leiva. “Esta metodología de la simulación de enfrentamientos formaba parte de una acción psicológica de lo que fue el terrorismo de Estado”, dijo David Arnaldo Leiva, hermano de Adán. “Era para que la gente se sienta impotente y no pida por las víctimas, por los compañeros de trabajo, por los familiares”, explicó el abogado que dio testimonio por el secuestro, tortura y muerte de su hermano mayor. “Fue tan sistemático, como el caso de mi hermano que está constatado que fue secuestrado antes que aparezca muerto en un supuesto enfrentamiento con personas que no fueron detenidas con él”, agregó con una contundencia que parecía irrefutable.

Es que David Leiva fue a reconocer el cuerpo de su hermano en el Cementerio del Norte. Con sus 18 años vio esa carne magullada por la tortura. “La impresión que me dio era de una tortura no hecha para sacar información”, dijo más tarde Carlos Macchi, hermano de Hugo, otro de los supuestos abatidos. “Había ensañamiento y sadismo”, sentenció el hombre que entre oración y oración tomaba un traguito de agua, como intentando humedecer los recuerdos que se convertían en palabras.
Adán, Hugo, Abel y Daniel se conocían entre sí. Sin embargo, a partir de los diversos testimonios, solamente Daniel y Abel fueron secuestrados en la misma oportunidad. Los cuatro cuerpos aparecieron casi un mes después de que sus familiares emprendieran la búsqueda.

Adán Leiva estaba con su pareja, Graciela Barcalá, en la casa de Marcelo Patricio Abregú. Los Abregú les alquilaban una habitación y el 19 de setiembre de 1975, a las 3 de la madrugada, una veintena de uniformados irrumpieron en la vivienda. Marcelo es un sobreviviente de aquella noche. Su testimonio dio cuenta de que en ese lugar no hubo enfrentamiento alguno. Que Adán fue llevado vivo junto a Graciela. Que Graciela estaba embaraza de tres meses. Que la aparición del cuerpo de Adán fue una puesta en escena.
“A Hugo le decían ‘Uti’”, contó Inés Eugenia Simerman. “El utilero de payaso” explicó la mujer que fuera novia de Huguito Macchi. Inés era también cuñada de Abel Herrera que estaba casado con Georgina Simerman. A ‘Uti’ lo secuestraron en la vía pública un día después que a su cuñado y a Daniel Cantos Carrascosa. Sobrevivientes del centro clandestino de detención que funcionara en la ex Escuela Diego de Rojas, conocido como ‘La Escuelita’, aseguran haberlos visto allí. La teoría del enfrentamiento queda hecha cenizas ante los testimonios que se sustancian bajo juramento de decir verdad.

Hojas amarillas, hojas amarillentas

El tiempo transforma todo. Las personas, los dolores, los recuerdos. Hay quienes se hacen más fuertes con el paso del tiempo. Hay otros que se deterioran por dentro y por fuera. El dolor se puede volver estandarte de lucha o verdugo silencioso. Los recuerdos se difuminan o se arraigan. A las hojas de papel no les es indiferente el paso del tiempo. Ajadas, amarillentas, marcadas de tanto doblarse y volverse a abrir para releer, algunas cartas llegan como voces presentes de quienes ya no están. “Mis padres escribieron algunas cosas que reflejan su estado emocional”, dijo David Leiva al tiempo que desplegaba unas hojas de papel manuscritas. “Esta amarilla es”, y levantó una que resaltaba entre las amarillentas. En la hoja estaba escrito el detalle de las acciones que siguieron a la desaparición de su hijo. Las denuncias que intentaron hacer pero que no hicieron porque les dijeron que iba a acelerar la muerte del joven veinteañero. “Como ellos no están para testimoniar, soy yo el que puede expresar su voz”, dijo que hombre de cabeza blanca que ahora es abogado querellante en casos de delitos de lesa humanidad en la provincia de Salta.
“Mi madre escribió una carta a mis abuelos con el pedido que estas palabras sean leídas en su entierro”, dijo sobre el final de su declaración Esteban Lisandro Herrera, uno de los hijos de Abel y Georgina. “Quiero gritar al pueblo a ese pueblo por el que viviste y por el que luchaste hasta caer, que te agarraron vivo”, leyó el muchacho recordando a esa madre que tiempo después también fue secuestrada y permanece desaparecida. “Sé que debo ser fuerte, que tengo que cuidar de nuestros cachorritos y tengo que cuidarme para ser yo su mamá la que los eduque”, había escrito la mujer que compartió militancia con su esposo. “Hoy, con vos han matado a tres compañeros más y por cada uno de ellos se levantarán mil puños”, leyó el hijo orgulloso de la militancia de sus padres.

domingo, 23 de octubre de 2016

Operativo Independencia: las marcas del tiempo

 “Yo me he olvidado de todo, me he olvidado de todo. Ya no tengo la memoria”, y se quedó sentada a pesar que el presidente del Tribunal le dijo que podía retirarse. El llanto desconsolado resonaba en la silenciosa sala de audiencias. Nadie se atrevió a interrumpir el desahogo de Mercedes Tránsito Galiano. El cuerpo de Mercedes carga con las marcas de una vida difícil. El corralito con el que se ayuda a desplazarse había quedado a un costado de la silla en la que estuvo sentada durante su declaración. Pocas palabras dijo para tanta significación expresada de otras maneras. “¿Usted sabe leer y escribir, señora?”, le preguntó el fiscal ad hoc Agustín Chit. La respuesta negativa fue casi instantánea. “Me lo han sacado a mi hijo por la noche”, había dicho antes la madre de José Vivanco que permanece desaparecido.

El paso del tiempo, de estos más de 40 años, se expresa de muchas maneras en la sala de audiencias. A veces aparece explícitamente en boca de los testigos: “Esperé 41 años por este momento”. Otras veces llega con la crudeza de los olvidos que duelen. Otras, se advierte inexorablemente en una vida transcurrida a pesar de las pérdidas pero con los recuerdos intactos por más desgarradores que sean. “Recuerdo que mi mamá me tomó en brazos”, dijo Silvina Leonor Sosa, que en aquel momento tenía seis años. La madrugada del 15 de febrero de 1975 fue la última vez que vio a su mamá, Leonor Millán y la imagen quedó grabada. “Me acuerdo que le hacían dar la cabeza contra la pared y la pateaban. Cuando se la llevaron, para mí, ya iba muerta”, dijo Silvina.

El día anterior, el padre de Silvina, José Antonio Sosa, había sido secuestrado camino a una reunión que tenía en la iglesia Pío X de la capital tucumana. Ese fin de semana, Silvina quedó a cargo de su abuela y su bisabuela. “Eso fue esa noche pero lo que quedó de vida fue terrible porque me robaron todo”, dijo la mujer que mantuvo la entereza de quien le hizo frente a todos los dolores. “Todos los días, hasta que me casé a los 20 años, estuve esperando que me vengan a buscar”, soltó sobre el final de su declaración. Aquella niña no entendía por qué no se la habían llevado. “Todas las mañanas me despertaba y me fijaba si mi abuela respiraba”, recordó la niña que creció con el temor a terminar de quedarse sola.

Escenarios fabricados

Los titulares de los diarios de mayor tirada de Tucumán, Salta y Córdoba anunciaban que cuatro ‘extremistas’ habían sido abatidos. Se trataba de Hugo Silvio Macchi, Daniel Cantos Carrascosa, Abel Herrera y Adán Leiva. “Esta metodología de la simulación de enfrentamientos formaba parte de una acción psicológica de lo que fue el terrorismo de Estado”, dijo David Arnaldo Leiva, hermano de Adán. “Era para que la gente se sienta impotente y no pida por las víctimas, por los compañeros de trabajo, por los familiares”, explicó el abogado que dio testimonio por el secuestro, tortura y muerte de su hermano mayor. “Fue tan sistemático, como el caso de mi hermano que está constatado que fue secuestrado antes que aparezca muerto en un supuesto enfrentamiento con personas que no fueron detenidas con él”, agregó con una contundencia que parecía irrefutable.

Es que David Leiva fue a reconocer el cuerpo de su hermano en el Cementerio del Norte. Con sus 18 años vio esa carne magullada por la tortura. “La impresión que me dio era de una tortura no hecha para sacar información”, dijo más tarde Carlos Macchi, hermano de Hugo, otro de los supuestos abatidos. “Había ensañamiento y sadismo”, sentenció el hombre que entre oración y oración tomaba un traguito de agua, como intentando humedecer los recuerdos que se convertían en palabras.

Adán, Hugo, Abel y Daniel se conocían entre sí. Sin embargo, a partir de los diversos testimonios, solamente Daniel y Abel fueron secuestrados en la misma oportunidad. Los cuatro cuerpos aparecieron casi un mes después de que sus familiares emprendieran la búsqueda.

Adán Leiva estaba con su pareja, Graciela Barcalá, en la casa de Marcelo Patricio Abregú. Los Abregú les alquilaban una habitación y el 19 de setiembre de 1975, a las 3 de la madrugada, una veintena de uniformados irrumpieron en la vivienda. Marcelo es un sobreviviente de aquella noche. Su testimonio dio cuenta de que en ese lugar no hubo enfrentamiento alguno. Que Adán fue llevado vivo junto a Graciela. Que Graciela estaba embaraza de tres meses. Que la aparición del cuerpo de Adán fue una puesta en escena.

“A Hugo le decían ‘Uti’”, contó Inés Eugenia Simerman. “El utilero de payaso” explicó la mujer que fuera novia de Huguito Macchi. Inés era también cuñada de Abel Herrera que estaba casado con Georgina Simerman. A ‘Uti’ lo secuestraron en la vía pública un día después que a su cuñado y a Daniel Cantos Carrascosa. Sobrevivientes del centro clandestino de detención que funcionara en la ex Escuela Diego de Rojas, conocido como ‘La Escuelita’, aseguran haberlos visto allí. La teoría del enfrentamiento queda hecha cenizas ante los testimonios que se sustancian bajo juramento de decir verdad.

Hojas amarillas, hojas amarillentas

El tiempo transforma todo. Las personas, los dolores, los recuerdos. Hay quienes se hacen más fuertes con el paso del tiempo. Hay otros que se deterioran por dentro y por fuera. El dolor se puede volver estandarte de lucha o verdugo silencioso. Los recuerdos se difuminan o se arraigan. A las hojas de papel no les es indiferente el paso del tiempo. Ajadas, amarillentas, marcadas de tanto doblarse y volverse a abrir para releer, algunas cartas llegan como voces presentes de quienes ya no están. “Mis padres escribieron algunas cosas que reflejan su estado emocional”, dijo David Leiva al tiempo que desplegaba unas hojas de papel manuscritas. “Esta amarilla es”, y levantó una que resaltaba entre las amarillentas. En la hoja estaba escrito el detalle de las acciones que siguieron a la desaparición de su hijo. Las denuncias que intentaron hacer pero que no hicieron porque les dijeron que iba a acelerar la muerte del joven veinteañero. “Como ellos no están para testimoniar, soy yo el que puede expresar su voz”, dijo que hombre de cabeza blanca que ahora es abogado querellante en casos de delitos de lesa humanidad en la provincia de Salta.

“Mi madre escribió una carta a mis abuelos con el pedido que estas palabras sean leídas en su entierro”, dijo sobre el final de su declaración Esteban Lisandro Herrera, uno de los hijos de Abel y Georgina. “Quiero gritar al pueblo a ese pueblo por el que viviste y por el que luchaste hasta caer, que te agarraron vivo”, leyó el muchacho recordando a esa madre que tiempo después también fue secuestrada y permanece desaparecida. “Sé que debo ser fuerte, que tengo que cuidar de nuestros cachorritos y tengo que cuidarme para ser yo su mamá la que los eduque”, había escrito la mujer que compartió militancia con su esposo. “Hoy, con vos han matado a tres compañeros más y por cada uno de ellos se levantarán mil puños”, leyó el hijo orgulloso de la militancia de sus padres.

“Juro por los treinta mil detenidos desaparecidos y por la memoria, la verdad y la justicia”, y las luces de la sala de audiencias se apagaron y volvieron a prenderse casi de inmediato. El puño en alto, los cinco dedos juntos y apretados de Raúl Oscar Herrera continuaban firmes en esa especie de pestañeo que desconcertó a los presentes. Había acomodado sobre esa especie de corralito de madera devenido en atril las fotos en blanco y negro de Abel Herrera y de Georgina Simerman.

“¿Cómo estaba conformada su familia para el año 1975?”, le preguntó el fiscal a Raúl. “¿Para qué fecha del 75?”, fue a respuesta del muchacho que los últimos tres meses de aquel año empezó a sentir el desgarrador desmembramiento de su familia. “Dos de mis tíos se fueron a Israel, exhortados por mi abuela materna que no quería seguir perdiendo hijos”, dijo al recordar a los Simerman. “Mi abuelo paterno perdió a sus tres hijos: Claudio, Leonor Inés y Abel”, agregó con el esfuerzo evidente por mantener firme su voz. Esteban y Raúl se enteraron hace apenas seis años que todavía puede haber una vida por buscar. Su madre, fruto de una relación que mantuviera al momento de su secuestro y desaparición, estaba embarazada de entre tres y cuatro meses.

Dolor, angustia y búsqueda

“Mi papá creo que se murió de dolor”, dijo Adriana Slevenson. Claudio Slevenson estudiaba Agronomía en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) y era dirigente de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Se encontraba en la provincia de Tucumán por un acto de cierre de su gestión como dirigente de esa agrupación. Poco más del mediodía del 4 de octubre fue secuestrado de la casa de Daniel Trenchi. Desde entonces, tanto Claudio, como Daniel permanecen desaparecidos.

“Mi madre no podía sentir el dolor de la muerte de mi padre porque estaba desgarrada con lo de mi hermana”, dijo María Moavro refiriéndose a Nélida Ciotta. "Mi madre pasó de ser un ama de casa a ser una de las fundadoras de Abuelas de Plaza Mayo. Estaba muy empeñada en intentar recuperar su nieto”, señaló la mujer que supo por el relato de sobrevivientes que su hermana, Amalia Moavro, dio a luz una niña. Amalia era militante de la agrupación Montoneros y fue secuestrada la madrugada del 5 de octubre junto a su esposo Héctor Mario Patiño. Nélida recibió información sobre su hija, sobre el estado de su salud y el avance de su embarazo. Nunca le dijeron dónde estaba. A principio de diciembre de 1975 le dijeron que no busque más. Pero la mujer sabía que había más vida por buscar, así que no se detuvo, como tampoco se detiene María.

“A mi hermano se lo llevaron en un jeep”, dijo Elba Rosa Roldán y describió el llanto de su madre. “Al día siguiente se fue a la ‘base’ de San Pablo”, recordó haciendo referencia a la base militar instalada en el pueblo al oeste de la capital tucumana. “Ahí le dijeron que lo busque en el ingenio de Lules”, continuó relatando Elba, que por estos días trabaja en la cosecha de frutillas. La madre de Elba y de Raúl Roldán, fue al ingenio y de allí la mandaron a ‘La Escuelita’. Ahí también se lo negaron. “Ahí lo tenían”, dijo Elba como a quien no le cabe duda alguna. Elba no olvida la noche del 5 de agosto de 1975. “Yo me acuerdo de esa noche que nos sacaron a todos afuera. La casa de mi padre estaba rodeada de militares”, había dicho al empezar su declaración.

“Esta metodología de la simulación de enfrentamientos formaba parte de una acción psicológica de lo que fue el terrorismo de Estado”, había dicho el abogado David Leiva. Elba sabe de la existencia de enfrentamientos fraguados. El cuerpo de su hermano apareció asesinado en un supuesto enfrentamiento el 19 de agosto de 1975. Días más tarde, cuando el Poder Judicial de la Nación ordenó la autopsia de este y de los otros seis cuerpos encontrados en la misma oportunidad, la misma no se pudo realizar. Los cuerpos habían sido inhumados por orden de la Jefatura de Policía.

La audiencia número 35 de la megacausa Operativo Independencia fue una de las más extensas desde que empezó este juicio. El tiempo se hizo elástico para tantas historias. Historias que se narran y se entrelazan unas con otras de diferentes maneras. Algunas por la militancia compartida, otras por los encuentros en la búsqueda. Todas por el dolor que atraviesa y reconfigura las vidas. El tiempo le dio la 'impunidad biológica' a algunos, pero otros, 18 en este caso, están ahí, en el banquillo de los imputados. Son juzgados por delitos cometidos en el afán de tomar en sus manos la decisión de quién y cómo debía vivir o morir.

Identificaron los restos de estudiante de la “generación perdida” del ENAM

Identificaron los restos de Alicia Dora Cerrota, quien es parte de la “generación perdida” del ENAM.

Se trata de Alicia Dora Cerrota, cuyos restos fueron identificados por el Equipo de Antropología Forense esta semana, junto a otras ocho víctimas del terrorismo de Estado sepultadas en Pozo de Vargas.

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) precisó que con estas nueve víctimas, suman 87 las identificaciones de personas asesinadas cuyos restos arrojaron los represores a ese enterramiento clandestino que funcionó en San Miguel de Tucumán.

El EAAF realiza pericias genéticas al conjunto de restos óseos exhumados en el Pozo de Vargas por el equipo de peritos del Colectivo de Arqueología Memoria e Identidad de Tucumán (Camit).

El denominado Pozo de Vargas fue utilizado como fosa común clandestina de desaparecidos asesinados desde el comienzo del Operativo Independencia en 1975 y durante la última dictadura.

Esta semana, fueron identificados los restos de Ricardo Romualdo Abad, Azucena Ricarda Bermejo García, Arnaldo César Correa, Juan René Lazarte, Carlos Raúl Osores, José Francisco Toloza, Jorge Luis Romero, Roberto Julio Romero y Alicia Dora Cerrota, quien es parte de la “generación perdida” del ENAM.

Cerrota fue secuestrada a los 27 años junto a su pareja, el periodista y poeta José Eduardo Ramos, el 2 de noviembre de 1976. Ambos eran militantes de Montoneros. También estaba embarazada y se ignora lo ocurrido al hijo o hija que debió haber nacido en cautiverio en junio o julio de 1977. Estuvo secuestrada en la Jefatura de la Policía de la Provincia.

Dora nació en Avellaneda el 13 de noviembre de 1948. Era Licenciada en Psicología y forma parte de la “generación perdida”, a la que ex estudiantes del ENAM suelen rendirle homenaje.

¿Por qué la “división perdida”? Según explica el grupo “ENAM Homenaje” en su página web, “porque tantos son los compañeros muertos y desaparecidos como para conformar una división entera de la escuela”. Son 30 los compañeros desaparecidos.

MDA de la Redacción de Info Región

* Nota correspondiente a la publicación del día 21 de Octubre de 2016

domingo, 14 de agosto de 2016

Juicio Operativo Independencia: Desgarrador testimonio de quien fue violada a los 13 años por los militares en ccd y e.

D.L (su identidad se preserva por haber sido víctima de delitos sexuales) tenía 13 años .“Militares me preguntaban por uno de mis hermanos y decían que yo repartía panfletos. Me golpearon y caí. Me entraron en un calabozo con un arma en la cabeza. Me gatillaban y me preguntaban ‘¿Querés morirte hija de p...? ¿Dónde está?’. Cuatro personas me arrancaron la ropa, me violaron y me escupieron. 
Sentía las cucarachas caminar por mi cuerpo

Fue la noche más larga y cruel de mi vida. Me tenían agarrada por las manos mientras se aprovechaban de mí. Me salía sangre de la boca y la nariz”, relató llorando y temblando.
Ante el Tribunal aseguró que cuando la sacaron de esa habitación, vio a su madre arrodillada en el lugar pidiendo que la liberaran. “Le dijeron que si su hijo no aparecía, no nos vería más a los que quedábamos. Cuando me sacaron, ella me dijo que me olvidara de todo. ¿Cómo me iba a olvidar? Después de tanto dolor, impotencia, silencio y bronca, esta es mi verdad, señor juez. Pido que se haga justicia”, requirió sollozando en la sala del TOF.

Controversia.- El Tribunal rechazó ayer los planteos de la Fiscalía y de las querellas para que sea revisada la resolución que admite preguntas a los testigos víctima sobre su militancia política. La decisión se tomó por mayoría (por votos de Carlos Jiménez Montilla y Gabriel Casas; Juan Carlos Reynaga votó en disidencia). “Los delitos de lesa humanidad no serían tales si no se prueba que la persecución habría sido por motivos políticos, resulta necesario que quede acreditado”, sostuvieron. Añadieron que las únicas preguntas que tiene derecho el testigo a no contestar son aquellas que puedan ser “incriminatorias”.

Planteos en la sala
A Casación.- El fiscal Pablo Camuña adelantó que recurrirán a Casación. El defensor Facundo Maggio cuestionó que no les permitan preguntar sobre militancia, cuando las querellas lo hacen. “No me van a amedrentar, al próximo testigo le preguntaré lo mismo”, renegó. El abogado oficial Adolfo Bertino opinó que los planteos eran extemporáneos. “El conocer a los testigos hace a la veracidad. No justificamos la teoría de los dos demonios”, consignó

jueves, 21 de julio de 2016

Nuevas identificaciones de desaparecidos en el Pozo de Vargas en Tucumán

Restos, nombres e historias que se recuperan

Se pudo identificar a Silvia y Jorge Rondoletto y su madre, María Cenador, familiares de Marta Rondoletto, dirigente de derechos humanos de la provincia. Dos semanas atrás, de la misma fosa común se recuperaron los restos de Luis Falú.

 Por Ramiro Rearte - Desde Tucumán

El Pozo de Vargas, esa fosa común que funcionó durante la dictadura cívico militar como lugar para arrojar detenidos-desaparecidos y que se encuentra a tan solo 6 kilómetros del microcentro tucumano, desde sus profundidades, sigue arrojando certezas de la sistematización del mal de parte de los genocidas en la provincia que supo gobernar el represor Antonio Domingo Bussi. Es que esta semana, gracias al trabajo de la Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (Camit) y el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), se pudieron identificar los restos de Silvia y Jorge Rondoletto y de su madre, María Cenador, parte de la familia de Marta Rondoletto, reconocida periodista tucumana y militante de derechos humanos junto a su marido Isauro Arancibia. Pocos días antes se habían recuperado los restos de Luis Eduardo Falú, hermano del músico Juan Falú.

La familia Rondoletto fue secuestrada casi completa, a excepción de Marta y su marido. Fueron detenidos ilegalmente de la casa familiar durante la siesta del 2 de noviembre de 1976 en un operativo que incluyó cortes de calles y la ocupación de las casas de los vecinos.

“Meses antes habíamos sufrido un ingreso violento a nuestra casa”, dijo a Página/12 Marta. Su padre Pedro, en ese entonces de 56 años y la esposa de Jorge, Azucena Bermejo (23 años), quien estaba embarazada, siguen desaparecidos.

Todas las víctimas fueron incluidas dentro del universo procesal de la megacausa “Arsenales II-Jefatura II”, en la que fueron condenados 37 ex miembros de las fuerzas de seguridad por crímenes de lesa humanidad. Durante las audiencias, se conocieron testimonios de quienes vieron a la familia en los dos centros clandestinos de detención y exterminio. Se conocieron detalles de humanidad, como la contención que María brindaba en el Arsenal a las secuestradas jóvenes, y de horror, como el fusilamiento de Jorge y Pedro. Pero hasta ahora no se conocía el destino de ninguno de ellos.

“En Tucumán, comenzó todo antes, y por eso el hecho de las identificaciones que se están produciendo tiene con ver con ese contexto que gira alrededor del juicio del denominado Operativo Independencia”, dijo Marta, haciendo referencia al proceso judicial en abierto este año, donde se trata de determinar las responsabilidades de los represores que participaron en crímenes de lesa humanidad desde marzo de 1974 en la provincia.

Rondoletto terminó, “Las identificaciones son el elemento final que hemos iniciado los familiares para demostrar que estábamos ante crímenes masivos. Yo tenía 28 años cuando secuestraban mi familia. Nunca sabremos si el objetivo era de toda la familia o sólo algunos miembros. Creo que los secuestros tuvieron que ver con nuestra militancia en la Asociación de Prensa de Tucumán, ya que por entonces teníamos fuertes posiciones políticas denunciando todo lo que pasaba en el país”.

Luis “Lucho” Eduardo Falú, quien fue identificado hace dos semanas, fue secuestrado el 14 de septiembre de 1976, algo más de un mes después de que el muchacho, de 25 años y estudiante de historia, se reuniera con dos agentes del Servicio de Inteligencia, quienes lo amenazaron: “Hacé una lista con los nombres de esos zurditos amigos tuyos”, le dijeron, según contó después a un familiar. Como Falú se negó, lo secuestraron a 50 metros de su casa, al mediodía, cuando volvía de su trabajo en Gas del Estado. Ese hecho formó parte del juicio sobre la Jefatura de Policía y la Compañía de Arsenales Miguel de Azcuénaga. Cuando el guitarrista Juan Falú recibió la noticia afirmó que era muy movilizante y altamente reparador”. La noticia sacudió a su familia al punto que obligó a la internación de su madre, de 99 años, que murió unos días después.

También en el Pozo de Vargas fueron identificados los restos del ex senador peronista Guillermo Vargas Aignasse y el ex vicegobernador de la provincia, Dardo Molina, entre otros.