sábado, 4 de febrero de 2017

Operativo Independencia: la continuidad de las historias

Febrero de 2017. La vuelta de la feria judicial marca el reinicio de uno de los juicios por delitos de lesa humanidad más grandes del noroeste argentino: la megacausa Operativo Independencia. A lo largo del año pasado se escucharon alrededor de 300 declaraciones testimoniales tanto en la sala de audiencias como en domicilios particulares. De los 20 imputados iniciales, quedan en el banquillo 18. Enrique Benjamín Bonofacino fue separado durante las primeras audiencias por razones de salud mental y Casiano Pedro Burtnik falleció en setiembre del año pasado.

Entre las últimas historias que se reconstruyeron en la sala de audiencias del Tribunal Oral Federal estuvo la de Carmen Gómez y Héctor Hugo Gargiulo. El matrimonio fue secuestrado la madrugada del 5 de marzo de 1976. Aquella noche se habían quedado en la casa de la madre de Carmen. “Escuché la voz de mi hermana y el bebé lloraba sin consuelo”, dijo Graciela Gómez mientras declaraba en la última audiencia de diciembre del año pasado. El bebé, hijo de Carmen y Héctor, tenía en aquel momento alrededor de un mes. Graciela describió los gritos, la camisola de flores amarillas que llevaba puesta su hermana. “No le hagan nada a la Cachita”, recordó que les dijo a los captores. “Avergonzada porque les rogaba a secuestradores energúmenos”. Cachi le decían a Carmen Gómez, que aquella noche les pidió ponerse un abrigo. Se lo negaron. “Me hice mucho problema después pensando que ella podía estar pasando frío”, dijo Graciela que hasta la fecha sigue buscando a su hermana y su cuñado.

De la casa de la familia Gómez se robaron cuanto objeto de valor encontraron. “Cachi se pasaba sacándole fotos a Pablito”, comentó Graciela después de contar que también se llevaron la cámara de fotos. “Nos hemos perdido la mirada que ella había tenido de su hijo”, agregó la mujer. Más de 41 años después, Graciela repasó cada detalle de esa madrugada. Sentado a su derecha, Pablito la escuchaba atentamente. Le hacía las preguntas precisas y le daba los tiempos necesarios para que ella diga. El hijo de Carmen y Héctor escuchó de la boca de sus tíos y su abuela los detalles que él no recuerda a pesar de haber estado presente. Pablo Gargiulo es el abogado querellante que lleva adelante la causa del secuestro y desaparición de sus padres.

“Ha sido terrible. Ha sido devastador. Yo todavía me acuerdo cuando nos sentamos alrededor de la mesa y ninguno podía hablar”, dijo Graciela mientras traía al presente cómo vivieron los días posteriores. “Es como que de golpe te borren el piso”, agregó como quien no encuentra palabras para describir lo que ocurría. “Había una incerteza total. Ni siquiera pensábamos en hacer planes porque el mundo había cambiado totalmente”, siguió Graciela. “Es una sensación como que todo es gris, desaparecen los colores. Nada vuelve a ser lo mismo”.
La persona más valiente
Fotografía de elena nicolay

Fotografía de elena nicolay

Marta Lía Ceridomo de Gómez entró a la sala de audiencias con la mirada en alto. Su cuerpo menudito llenó el recinto con una presencia absoluta. Martita Gómez, le dicen. Su nombre es sinónimo de lucha, militancia y compromiso. Fue una de las primeras Madres de Plaza de Mayo en Tucumán. Para Pablo Gargiulo fue su madre, una relación que poco parece haber cambiado aunque hoy sepa que esa mujer es su abuela. “¿Qué tal, Marta?” la saludó antes de empezar a hacerle las preguntas. “Debe ser la primera vez que le digo así”, agregó el abogado como jugando una pulseada con el hijo-nieto.

Marta habló de su hija Carmencita. De la pequeña que tardó más que sus hermanos en aprender a hablar. “Era una familia donde el sol salía todos los días”, dijo y la imagen de los colores borrados que había dejado Graciela tomó más fuerza. Repasó los nombres de aquellas madres con las que se encontró en la plaza Independencia de la capital tucumana. Los encuentros y las búsquedas a las que no renunciaron nunca por más infructuosas que pareciesen. “Sin la lucha de los familiares ustedes no estarían aquí, juzgando”, les dijo a los jueces con esa firmeza y esa fuerza que todos le conocen pero que no dejan de sorprender.

Martita se casó con apenas 17 años. “Nuestra escuela fue cortada, yo por mi casamiento y mi marido por la guerra”, dijo tratando de explicar por qué para ellos era tan importante que sus hijos estudien. “Es posible que les hayamos hecho un mal”, soltó más como ironía que como aseveración. “Porque sabiendo pensar…”, agregó y no hizo falta más aclaraciones.

Al finalizar la declaración de Marta Lía Ceridomo de Gómez la sala explotó en aplausos. Los abrazos en la puerta parecían eternos. El silencio del sector que apoya a los imputados fue inesperado, aunque tampoco debería sorprender tanto ante tamaño testimonio. “Solo quiero decirle algo”, había dicho Pablo Gargiulo antes que Marta termine de declarar. “Usted es la persona más valiente que yo conozco”.

El fin de la feria judicial de enero marca el reinicio de las audiencias. Este viernes 3 de febrero se tomará la primera declaración testimonial del año, pero se realizará en el domicilio del testigo. El próximo jueves 9 y viernes 10 las audiencias se reanudarán en la sala del Tribunal Oral Federal. Quedan apenas dos o tres meses de un juicio histórico. Histórico no solo por el número de víctimas, que ascienden a 270, sino también por ser el primero en el que se juzgan los delitos de lesa humanidad cometidos antes del golpe de Estado, en lo que se conoce como el ensayo del genocidio, la antesala de un plan sistemático pergeñado para desaparecer personas e ideales.

martes, 24 de enero de 2017

Tucumán, el Pozo de Vargas : La masacre que quisieron ocultar

Ya rescataron a 117 víctimas de la dictadura arrojadas en el Pozo de Vargas
Hasta fines del año pasado, 87 personas fueron identificadas, mientras que falta determinar la identidad de otras 30 en la espera de las muestras de sangre de los familiares.

Son 24 mujeres y 92 hombres las personas que ya fueron rescatadas en el Pozo de Vargas,  de acuerdo al último informe que elevó el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) al juez Federal Nº2, Fernando Poviña, quien está a cargo de la investigación del enterramiento clandestino que se utilizó para ocultar los cuerpos de las víctimas asesinadas durante la última dictadura militar.

En ese escrito, al que tuvo acceso DocumentoTV.com, también se aclara que existe una persona a la que no se pudo determinar su género, con lo cual suman 117 las personas rescatadas. De ese total, 87 pudieron ser identificadas mediante los estudios de ADN que realizó el EAAF, mientras que falta determinar la identidad de otras 30 víctimas en espera de las muestras de sangre de sus familiares.

Aldo Gerónimo, perito del Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT) y auxiliar de la Justicia Federal, se dedicó al estudio de las víctimas y aseguró que el 30 por ciento de las 87 personas identificadas era estudiantes, docentes y no docentes de la UNT, trabajadores ferroviarios, obreros y dirigentes azucareros. Además, eran gremialistas y políticos peronistas. Las edades rondaban entre los 18 y los 63 años,  mientras que la mayoría se concentraba entre los 23 y los 35 años. Asimismo, procedían no solo de Tucumán; sino de otras provincias como Mendoza, Córdoba, Santiago del Estero, Neuquén, incluso de otros países como España, Perú y Bolivia.

Guillermo Vargas Aignasse, ex senador provincial justicialista (fue el primero en ser identificado), el ex vicegobernador Dardo Molina; la familia Rondoletto, Luis Eduardo Falú, el periodista José Eduardo Ramos y su esposa Alicia Cerrota, figuran en la lista de los 87 identificados hasta ahora en el marco de la investigación a cargo del juez Poviña.

El macabro hallazgo de la mayoría de los restos humanos se produjo entre los 27 y 31 metros de profundidad del pozo, mientras que ahora los peritos llegaron con las excavaciones hasta un nivel de 33,5 metros. Los investigadores del CAMIT estiman que el pozo tiene un piso técnico de 40 metros de profundidad, por lo que se espera que continúen este año las excavaciones hasta ese nivel.

En tanto, para lograr más identificaciones, desde la Justicia Federal recalcaron la importancia de que los familiares se acerquen para dar muestras de sangre. Para ello, pueden llamar al 0800-333-2334, a la Secretaría de Derechos Humanos  (0381) 4844000 (interno 454) o al EAAF,  03816794992.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

En homenaje a las tres militantes de HIJOS-Tucumán, fallecidas

En homenaje a las tres militantes de HIJOS-Tucumán, recientemente fallecidas:
Natalia Ariñez (de la agrupación H.I.J.O.S. Tucumán), Marianella Triunfetti (periodista del colectivo de Comunicación Popular La Palta) y Alejandra Würschmidt –docente; reproducimos el testimonio que diera en junio de 2016, Natalia Ariñez.
Operativo Independencia: justicia en las palabras de una hija
27/06/16
Fotografía de Julio Pantoja | Agencia Infoto

La sala llena. “Que pase Natalia Ariñez”, dijo el presidente del Tribunal Oral Federal Gabriel Casas. La puerta se abrió y la militante y referente de la agrupación HIJOS caminó con la cabeza erguida y la pisada firme hasta el centro de la sala. Sonreía. Nervios, satisfacción, alegría y responsabilidad parecían conjugarse en esa sonrisa. Sonriendo prestó juramento “por sus creencias”, como acostumbra enunciar el juez. “Buen día, Natalia”, la saludó el abogado querellante Pablo Gargiulo. La familiaridad con la que se dirigió a ella no era solo la de un abogado representante y su representada. Los une mucho más que eso. Los unen la historia, las luchas y sus historias.

“Soy la hija de Jorge de la Cruz Agüero. Lo que voy a contar es mi reconstrucción de los relatos de mi madre, de mi familia, de los amigos y compañeros de mi papá”, explicó la mujer que todavía no había nacido cuando Jorge fue secuestrado. Jorge tenía 17 años. Era estudiante del Instituto Técnico y estaba de novio con Silvia Sandoval. “Mi mamá estaba embarazada de tres meses.  Yo nací exactamente seis meses después del secuestro de mi papá”, detalló Natalia. Y explicó por qué sus padres no vivían juntos: “Como mi papá era menor de edad necesitaba el permiso de mis abuelos para poder casarse y la condición que pusieron mis abuelos fue que viviesen, hasta tanto se casasen, cada uno en la casa de sus padres”.

Jorge de la Cruz fue sacado de su domicilio el 13 de enero de 1976. “Mi abuela me contó que cerca de las 3:30 de la mañana, mientras estaban durmiendo, entraron personas que se identificaron como policías”, reconstruyó Natalia que había descripto palmo a palmo la disposición de cada espacio en la casa de su abuela paterna. “Rompieron la puerta, los amenazaron. Mi papá estaba durmiendo y evidentemente lo llevaron envuelto en las sábanas de su cama y no le permitieron vestirse”, agregó sabiendo que ese no era un detalle menor. Más tarde fue ella misma la que retomó ese detalle para reforzar por qué es incomprensible la excusa de una guerra.

Esa misma noche se realizaron otros operativos en los domicilios de ex estudiantes del mismo colegio al que asistía Jorge. Uno de esos operativos fue en la casa de Rafael Coria. “Entraron a su casa golpearon al padre de Rafael, pero Rafael pudo escaparse por los fondos”, contó Natalia en esta reconstrucción que hizo a partir de, como dijera al principio, los relatos de su madre, familiares y amigos. “En ese momento que escapa va a la casa de mi mamá”, dijo y explicó que la distancia entre una casa y la otra era de 12 cuadras. “Le cuenta lo que había sucedido y le dice que lo vayan a buscar al ‘negro’. Así le decían a mi papá”, aclaró. Desde la parte de atrás de la sala de audiencias Silvia Sandoval escucha el relato. La historia de esa noche en boca de su hija. La noche en que apenas Rafael le advirtió lo que estaba pasando, salió con lo puesto. La escena que encontró. Los hermanos de Jorge en el zaguán.

“No la dejan entrar en ese momento”, contó Natalia. Lo que sí hizo la madre de Jorge fue sacar de la habitación unas hojitas escritas. “Sin saber estaba recuperando lo único que quedó, al menos para mí, de sus palabras, de su cartitas y de su regocijo y de la felicidad de mi llegada”, dijo Natalia. Doña Pabla, la madre de Jorge, le entregó a Silvia, en un sobre de papel madera, esos escritos de su hijo, al que acababan de sacar de su casa. Hoy son hojas amarillentas. Unas lisas, otras rayadas. Otras hojas cuadriculadas que, posiblemente, cambiaron su destino y pasaron de la carpeta de matemáticas a ser soporte de la poesía. “Porque mi papá era poeta”, dijo con algo que se parece bastante al orgullo, pero que lo supera.

La militancia que une y sostiene

Silvia se fue esa misma madrugada  a la ciudad de Córdoba. Camino a la estación de trenes que funcionaba en la zona de El Bajo, al este de la ciudad, pasó por la casa de una compañera que le prestó una camperita. Silvia sabía que tenía que escapar para preservar su embarazo y su propia vida. Se habían conocido con Jorge en la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). “Mi papá había empezado a militar desde muy chico. A los 14 o 15 años militaba en el Centro de Estudiantes del colegio y dentro del Centro de Estudiantes Socialistas (CES). Después comenzó a participar de la Organización Comunista Poder Obrero”, contó Natalia.  “Mi mamá venía de militar también en el CES y después militó en el Ardes (una organización socialista tucumana)”, detalló la hija que enarbola la bandera de la militancia.

Silvia y Jorge se pusieron de novios a poco de conocerse. Compartían discusiones políticas, ideales y banderas. “Estaban de novios hacía mucho tiempo y ese mes, el mes de enero pensaban casarse precisamente a raíz de mi llegada”, contó Natalia en una declaración que duró casi una hora. Un 13 de julio nació Natalia. Por razones de salud Silvia había vuelto a Tucumán y aquí dio a luz a la niña. Los padres de Jorge habían hecho todas las gestiones posibles para encontrar a su hijo. Las presentaciones realizadas en el Juzgado Federal a cargo del juez Manlio Torcuato Martínez solo recibieron negativas. Pero a la búsqueda hubo que salir a militarla. Su abuela empezó a encontrarse con otras madres, “con la hermosa ‘Pirucha’ Campopiano, con Faride  de Adris”, enumeró recordando a dos de las primeras Madres de Tucumán. 

    “Mi mamá me regaló infinitamente más libros que muñecas y efectivamente qué hay más subversivo que leer, que pensar, que organizarse, que juntarse.”

— Natalia Ariñez

A esa ‘búsqueda militada’ se sumó Natalia de la mano de su mamá. “Debí de ser muy chiquita porque recuerdo que la veía grandota y no estaría siendo muy alta mi mamá”, soltó a modo de chascarrillo y de referencia. Juntas marcharon por la Plaza Independencia exigiendo aparición con vida. Creció y tuvo que aprender que eran otras las consignas y las exigencias. “Esa misma mujer”, dijo refiriéndose a su abuela, la que presentó hábeas corpus, la que había marchado buscando a su hijo, “cuando yo tenía 25 años me dice que una de las cosas que más lamentaba era sentir que mi papá estaba en algún lugar y ella no lo podía ayudar”. Casi de inmediato soltó: “25 años hacía que lo habían asesinado y ella todavía pensaba que quizás había perdido la memoria y que estaba en algún lugar. Eso es lo más perverso de la desaparición de personas”, sentenció.

La niña que militó sin elegir, eligió la militancia. Juicio y castigo fue su bandera en la agrupación HIJOS donde participa activamente desde hace 20 años. “Tengo más años de militancia que mi papá tuvo de vida”, dijo y el silencio en la sala se hizo más profundo. “Cuando entré a la organización estudiábamos y aprendíamos y entendíamos y leí por primera vez lo que significaba la palabra genocidio”, dijo Natalia y recordó el listado de canciones y de libros considerados ‘subversivos’. “También entendí que en mi casa se escuchaba sólo música subversiva”, agregó. Mercedes Sosa, el Cuarteto Supay, Serrat. “Mi mamá me leía todos los cuentos que otros consideraban que eran subversivos”, continuó. “Mi mamá me regaló infinitamente más libros que muñecas y efectivamente qué hay más subversivo que leer, que pensar, que organizarse, que juntarse”.

Su militancia, su bandera, sus compañeros en estos años de lucha, estaban llenando la sala de audiencias. “Y entendí porque efectivamente los hijos éramos una pieza clave, porque quizás un día si no nos robaban, si no nos sacaban de esos ámbitos, si no nos hacían salir de esos lugares. Si no evitaban que nos canten esas canciones, que nos lean esos libros, que nos cuenten esos cuentos, un día íbamos a estar presentes acá y ese día también había que eliminar”, reflexionó Natalia, la que hoy, al tiempo que ve que al fin los juicios son un hecho, sigue buscando a esos otros hijos que aún no conocen su identidad. “Pero bueno, algunos estamos acá”, concluyó y con su dedo índice señaló a su derecha donde un ‘hijo’ estaba sentado como abogado querellante de sus padres. Señaló a su espalda, donde otros ‘hijos’ sostenían los carteles con los rostros de los desaparecidos. Señaló hacia arriba, a la sala de prensa donde estaban unos, hijos biológicos de sobrevivientes y de desaparecidos y otros, ‘hijos de la misma historia’.

La reconstrucción del cautiverio
FOTOGRAFÍA DE JULIO PANTOJA | AGENCIA INFOTO

“Mucho tiempo después mi mamá se enteró que un sobreviviente lo había visto en el centro clandestino de detención de jefatura”, dijo Natalia con respecto al primer testigo que compartió cautiverio con su padre. En el año 2011 ella misma se entrevistó con este sobreviviente. Juntos recorrieron el edificio al que no se había atrevido a entrar en las primeras inspecciones oculares realizadas en el marco uno de los juicios por delitos de lesa humanidad.  El sobreviviente, José Randace, “no solo es un sobreviviente del centro clandestino sino que era amigo de mi papá”, recordó Natalia.

José y Jorge habían sido compañeros del Instituto Técnico, jugaban juntos el rugby y se habían hecho muy amigos. “Él me contó que lo escuchó en el centro clandestino a mi papá”, dijo Natalia y reprodujo esos recuerdos ante todos los presentes.  “Él recuerda que fue duramente golpeado, torturado, que le preguntaban por personas que conocía, por personas que no conocía. Le preguntaron por los libros que leía y él mencionaba todos los libros que se le venían a la cabeza y aun así era salvajemente torturado”, relató a medida que reconstruía, quizás, el último momento de vida de Jorge. “Recuerda que estaban en un lugar, en un salón donde estaban atados de pies y manos contra la pared, en el piso, vendados y que en un momento escuchó la voz de la persona que estaba a su lado y se dio cuenta que era su amigo Jorge”, agregó.

Jorge jugaba al rugby. Había sido José el que lo había alentado a practicar ese deporte. “Al principio él no quería porque decía que era un deporte de pitucos y que un negrito proletario no tenía nada que hacer ahí”, contó Natalia. Sin embargo Jorge terminó siendo muy hábil en el ruby. Juntos gritaron algunos triunfos. El último recuerdo que José tiene de Jorge fue en ese piso contra la pared en ese salón que se usó para desaparecer personas. “Lo escuchó hablar, después lo escuchó gritar, se dio cuenta que estaba muy torturado, que estaba prácticamente delirando. La llamaba a mi mamá todo el tiempo: ‘Negra, Negra’, le repetía. En un momento empezó a gritar más y más fuerte y en este momento lo recogieron las personas que estaban en ese lugar”, continuó Natalia que cada tanto hacía una pausa como quien se intentaba reponer. “Cuando lo levantan y se lo llevan, José puede ver por debajo de la venda que en el lugar donde estaba mi papá había un gran charco de sangre. Fue la última vez que lo escuchó”, concluyó y con la cabeza en alto y el torso erguido respondió: “Mi papá decía ‘negra, negra no te voy a traicionar’".
El negrito poeta

Inoportuno
Gianino Ramazzotti

Inoportuno hasta para la muerte, te llevaron cuando menos debías irte.
Te llevaron dejando un amor por cosechar, una luna por parir, una revolución por celebrar.
Te llevaron dejándonos sin arte y sin razones.
Se llevaron esa boca torrencial desde donde se llovían palabrazos y poemas, aguaceros de verdades, rayos y adjetivos de tormenta.
Te llevaron con tu enorme carcajada melancólica, con tu estrellita roja, con las uvas verdes de tu Violeta Parra.
Te llevaron llevándose la mejor tristeza, la pena más hermosa, la pasión más militante. Te llevaron dejándonos sin ternura para odiar, sin violencia para amar.
Inoportuno incluso para los regresos.
Nunca esperas hasta la victoria siempre.
Sales de tu tumba de pájaros y vientos y vuelves en un diminuto sueño clandestino. Repartiendo esos mendrugos de utopías que nos dejan seguir sobreviviendo.
Inoportuno vuelve hoy, 40 años después, en mí: tu justicia.

“Mi papá tenía 17 años. Tanto mi mamá con mi familia me cuentan que era un chico muy bueno, alto, grandote, buen mozo. De una de esas sonrisas que iluminan”, dijo Natalia con el rostro sonriente y no hubo dudas que es una de las tantas cosas que heredó de ese hombre. “Era poeta, escribía. Me cuentan que sus profesores de literatura lo alentaban mucho para seguir escribiendo”, sostuvo sin que la sonrisa se le borre y con los ojos cada vez más iluminados.  “Además se presentó a muchos concursos literarios y los ganó, para el orgullo y beneplácito de sus compañeros ‘chupa tuercas’”, destacó. ‘Chupa tuercas’ es la forma en la que se les dice a los estudiantes del Instituto Técnico. “Les llegó a ganar a los chicos de Gymnasium que es otro colegio universitario que tienen más esa formación humanista”, agregó con un tono socarrón haciendo referencia a la histórica rivalidad entre los estudiantes de dos de las escuelas experimentales que dependen de la Universidad Nacional de Tucumán.

La sala explotó en aplausos. El abrazo entre la madre y la hija, largo, profundo, parecía decir ‘gracias’. “Nacimos en su lucha, viven en la nuestra”, se leyó en un gran cartel que los compañeros de militancia de Natalia levantaron. Antes de retirarse, Nati quiso homenajear a su padre, el negrito poeta, militante y luchador. “Inoportuno vuelve hoy, cuarenta años después, en mí: tu justicia”, fue la oración final que agregó al poema. Una ‘licencia poética’ que se tomara en la poesía que un amigo dedicara a Jorge de la Cruz Agüero.

Ultima audiencia Operativo Independencia

Pablo Gargiulo, abogado querellante llevó a sus hijas a la audiencia, para que sepan de sus abuelos

En la última audiencia del año juicio Operativo Independencia, el hecho destacado de ayer fue que el abogado querellante Pablo Gargiulo, quien tenía tres meses cuando secuestraron a sus padres, asistió a la audiencia junto a sus hijas de 7 y 11 años, que de ese modo comienzan a reconstruir la historia de sus abuelos desaparecidos.

El tribunal, integrado por los jueces Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Juan Carlos Reynaga, ya escuchó más de la mitad de los testimonios relacionados con las 271 víctimas y hasta el momento sólo se concretó una inspección en el ex Ingenio Lules, uno de los que fueron utilizados como centros clandestinos de detención.

Según informó el Secretario del TOF, Mariano García Zavalía en febrero o marzo se puede “terminar con la recepción de la prueba oral e iniciar la de la documentación".

A lo largo de la audiencia de ayer se trató el caso Héctor Gargiulo-Carmen Gómez, padres del querellante Pablo Gargiulo. Ambos fueron secuestrados en la madrugada del 5 de marzo de 1976 por un grupo de policías y permanecen desaparecidos. En la actualidad su hijo, que en el momento del secuestro del matrimonio tenía tres meses, es abogado y querellante de la causa y mediante un permiso especial que solicitó al tribunal sus hijas de 7 y 11 años estuvieron presentes en la audiencia, escuchando la historia de sus abuelos paternos

martes, 29 de noviembre de 2016

Los cómplices civiles de Bussi y Videla

Durante el juicio por la megacausa por el Operativo Independencia se conoció un informe con los designados en la Fiscalía de Estado entre mayo y octubre de 1976. Aparecen nombres como los de la jueza Hebe López Piossek, que el año pasado anuló las elecciones en Tucumán.

El juicio por la megacausa Operativo Independencia, que se lleva adelante en el Tribunal Oral Federal (TOF) de Tucumán sigue arrojando luz sobre hechos ocurridos en 1.975, antes del golpe militar y durante el gobierno constitucional de Estela Martínez de Perón.

Es considerado como una especie de laboratorio para llevar adelante, después del 24 de marzo de 1.976, una sanguinaria y feroz represión que incluía los métodos ensayados en Tucumán, centros clandestinos de detención (como la Escuelita de Famaillá), secuestros, torturas y desapariciones. Además de una estrecha colaboración entre fuerzas policiales, militares y actores civiles.

Entre los documentos que se acercaron al TOF, integrados por los jueces Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla, Juan Carlos Reynaga y Hugo Cataldi (sustituto), se encuentra un informe de la Fiscalía de Estado de la Provincia, en el cual se consigna el personal nombrado en esa dependencia entre mayo y octubre de 1.976. Según el listado remitido al tribunal, en la Fiscalía fueron designados entre otros José Ricardo Abba, actualmente imputado en la Megacausa y Hebe López Piossek, jueza de la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, que el año pasado, junto a Norberto Salvador Ruiz, anularon las elecciones en la provincia. Posteriormente el fallo fue revocado por la Corte Suprema de Justicia.

López Piossek ingresó el 27 de mayo de 1.975 como asesora legal ya con la dictadura de Jorge Videla instalada en la Argentina y con Antonio Domingo Bussi como amo y señor de la vida de los tucumanos.

También fueron nombrados Antoni De Mathus, Alberto Román Area Maidana, Pedro Andrés Bartolletti, Angel Humberto Bustos, Federico Colombres, Eduardo Luis Díaz Romero, Arturo Forenza, Manuel Francisco, Argentina Blanca Herrera de Villavicencio, Eugenia Zaida Lobo de Gerardi, José A. Mosqueira, León Páez de la torre, Gilda María Pedicone de Valls, Esteban Miguel Rodríguez Merino y Carlos Valls.

Muchos de ellos, con la llegada de la democracia siguieron ocupando cargos de relevancia en sucesivos gobiernos, ya sea en el Poder Ejecutivo o Judicial.

El juicio por la megacausa comenzó el 5 de mayo pasado. Si bien es el doceavo por crímenes de lesa humanidad que se celebra en la provincia y el más grande, es el primero que aborda crímenes de ese tipo durante un Gobierno constitucional. Las víctimas suman 271 y los imputados, 19 ( Primera Fuente)

sábado, 5 de noviembre de 2016

Juicio Operativo Independencia: Los militares primero secuestraron a su padre, después a su bebé

Estela del Valle Gómez declaró hoy en el megajuicio "Operativo Independencia". Dijo que primero fue golpeado y secuestrado su padre, un obrero azucarero, frente a sus ojos, los de su madre y hermanitos, y que un año después, siendo una adolescente y estando embarazada, un suboficial del ejército la coaccionó para que se fuera a vivir con él, amenazándola con quitarle el bebé si no accedía a sus requerimientos; que la llevó a parir a Rosario de la Frontera, Salta, donde dio a luz, tras lo cual no volvió a ver al bebé. La tragedia se inició el 13 de enero de 1976 cuando su padre, Miguel Ángel Gómez, un trabajador del ingenio Concepción a quien apodaban "Canaro", fue secuestrado en su casa, en La Banda del Río Salí, donde vivía con su esposa Eva Victoria López y sus cuatro hijos.

“Eran las 5 de la madrugada y nos despertamos con ruidos de vehículos que rodeaban la casa" recordó la testigo que narró como cinco hombres uniformados y armados y con los rostros cubiertos patearon la puerta y entraron.

"Nos apuntaron a la cabeza con ametralladoras. Buscaban a mi padre. Le preguntaron si él era Canaro, y como contestó que no, lo golpearon en la cabeza mientras mis hermanitos lloraban, estaban muy asustados y le pedían a los policías que no golpearan más a su papá”, continuó diciendo.

Antes de irse rompieron todas nuestras cosas y se llevaron nuestros documentos, que mi madre tenía guardados en una bolsa", agregó.

Los efectivos golpearon nuevamente a Gómez, luego le ataron las manos, lo encapucharon y lo subieron a la fuerza a un auto particular de color verde para trasladarlo al centro clandestino de detención que funcionaba en la Jefatura de Policía.

“No entendía por qué se lo llevaban si él era un hombre trabajador y no un delincuente”, comentó Estela, quien contó que la familia buscó a Gómez en distintas comisarías de Tucumán y realizaron diversas averiguaciones para dar con su paradero pero fue en vano ya que continúa desaparecido.

La testigo recordó que un militar del Regimiento 19 de Infantería le dijo a su madre que ya no lo buscara porque "ya no existe’.

“Después de la desaparición de mi padre quedamos muy mal porque nos quitaron la casa, tuvimos que ir a vivir a otro barrio y quedamos desamparados. No pudimos terminar la escuela, éramos pobres y decidimos trabajar para sobrevivir ya que nadie nos ayudó”, expresó.

En 1977 Estela, que en ese momento tenía 15 años, quedó embarazada y se fue a vivir con una tía al pueblito tucumano de El Palomar, donde volvió a sufrir el accionar de los represores.

Un suboficial del Ejército que se identificó como Mario Rodríguez le propuso criar a su hijo con la condición de que se fuera a vivir con él a su domicilio y, aunque ella en un primer momento se negó, finalmente aceptó porque el hombre le prometió que no se lo iba a quitar.

"Me llevó a Mendoza y después a Rosario de la Frontera donde tuve mi bebé”, recordó la mujer, quien tras el parto no volvió a ver a su hijo, al que sigue buscando luego de radicar una denuncia en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI).

El desgarrador relato de la testigo fue escuchado atentamente por los jueces Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Juan Carlos Reynaga, quienes juzgan la responsabilidad de 19 ex miembros de la fuerza por la comisión de delitos de lesa humanidad en perjuicio de 271 víctimas, cometidos entre febrero del 75 y el 24 del 76.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Juicio Operativo Independencia: Tramo de la crónica de el Colectivo La Palta.

Escenarios fabricados

Los titulares de los diarios de mayor tirada de Tucumán, Salta y Córdoba anunciaban que cuatro ‘extremistas’ habían sido abatidos. Se trataba de Hugo Silvio Macchi, Daniel Cantos Carrascosa, Abel Herrera y Adán Leiva. “Esta metodología de la simulación de enfrentamientos formaba parte de una acción psicológica de lo que fue el terrorismo de Estado”, dijo David Arnaldo Leiva, hermano de Adán. “Era para que la gente se sienta impotente y no pida por las víctimas, por los compañeros de trabajo, por los familiares”, explicó el abogado que dio testimonio por el secuestro, tortura y muerte de su hermano mayor. “Fue tan sistemático, como el caso de mi hermano que está constatado que fue secuestrado antes que aparezca muerto en un supuesto enfrentamiento con personas que no fueron detenidas con él”, agregó con una contundencia que parecía irrefutable.

Es que David Leiva fue a reconocer el cuerpo de su hermano en el Cementerio del Norte. Con sus 18 años vio esa carne magullada por la tortura. “La impresión que me dio era de una tortura no hecha para sacar información”, dijo más tarde Carlos Macchi, hermano de Hugo, otro de los supuestos abatidos. “Había ensañamiento y sadismo”, sentenció el hombre que entre oración y oración tomaba un traguito de agua, como intentando humedecer los recuerdos que se convertían en palabras.
Adán, Hugo, Abel y Daniel se conocían entre sí. Sin embargo, a partir de los diversos testimonios, solamente Daniel y Abel fueron secuestrados en la misma oportunidad. Los cuatro cuerpos aparecieron casi un mes después de que sus familiares emprendieran la búsqueda.

Adán Leiva estaba con su pareja, Graciela Barcalá, en la casa de Marcelo Patricio Abregú. Los Abregú les alquilaban una habitación y el 19 de setiembre de 1975, a las 3 de la madrugada, una veintena de uniformados irrumpieron en la vivienda. Marcelo es un sobreviviente de aquella noche. Su testimonio dio cuenta de que en ese lugar no hubo enfrentamiento alguno. Que Adán fue llevado vivo junto a Graciela. Que Graciela estaba embaraza de tres meses. Que la aparición del cuerpo de Adán fue una puesta en escena.
“A Hugo le decían ‘Uti’”, contó Inés Eugenia Simerman. “El utilero de payaso” explicó la mujer que fuera novia de Huguito Macchi. Inés era también cuñada de Abel Herrera que estaba casado con Georgina Simerman. A ‘Uti’ lo secuestraron en la vía pública un día después que a su cuñado y a Daniel Cantos Carrascosa. Sobrevivientes del centro clandestino de detención que funcionara en la ex Escuela Diego de Rojas, conocido como ‘La Escuelita’, aseguran haberlos visto allí. La teoría del enfrentamiento queda hecha cenizas ante los testimonios que se sustancian bajo juramento de decir verdad.

Hojas amarillas, hojas amarillentas

El tiempo transforma todo. Las personas, los dolores, los recuerdos. Hay quienes se hacen más fuertes con el paso del tiempo. Hay otros que se deterioran por dentro y por fuera. El dolor se puede volver estandarte de lucha o verdugo silencioso. Los recuerdos se difuminan o se arraigan. A las hojas de papel no les es indiferente el paso del tiempo. Ajadas, amarillentas, marcadas de tanto doblarse y volverse a abrir para releer, algunas cartas llegan como voces presentes de quienes ya no están. “Mis padres escribieron algunas cosas que reflejan su estado emocional”, dijo David Leiva al tiempo que desplegaba unas hojas de papel manuscritas. “Esta amarilla es”, y levantó una que resaltaba entre las amarillentas. En la hoja estaba escrito el detalle de las acciones que siguieron a la desaparición de su hijo. Las denuncias que intentaron hacer pero que no hicieron porque les dijeron que iba a acelerar la muerte del joven veinteañero. “Como ellos no están para testimoniar, soy yo el que puede expresar su voz”, dijo que hombre de cabeza blanca que ahora es abogado querellante en casos de delitos de lesa humanidad en la provincia de Salta.
“Mi madre escribió una carta a mis abuelos con el pedido que estas palabras sean leídas en su entierro”, dijo sobre el final de su declaración Esteban Lisandro Herrera, uno de los hijos de Abel y Georgina. “Quiero gritar al pueblo a ese pueblo por el que viviste y por el que luchaste hasta caer, que te agarraron vivo”, leyó el muchacho recordando a esa madre que tiempo después también fue secuestrada y permanece desaparecida. “Sé que debo ser fuerte, que tengo que cuidar de nuestros cachorritos y tengo que cuidarme para ser yo su mamá la que los eduque”, había escrito la mujer que compartió militancia con su esposo. “Hoy, con vos han matado a tres compañeros más y por cada uno de ellos se levantarán mil puños”, leyó el hijo orgulloso de la militancia de sus padres.