lunes, 20 de mayo de 2013

Megacausa Jefatura II - Arsenales II Jornada de impactantes testimonios

Una extensa jornada fue la del viernes en el marco de la Megacausa
La primera testigo de la jornada fue Hilda Figueroa, oriunda de Calilegua, Jujuy, vivió un tiempo en Tucumán. Habló de secuestros de estudiantes jujeños. A varios de ellos se los llevaron de una peña mientras festejaban un cumpleaños.

Hilda fue secuestrada en Jujuy la Noche del Apagón. Días antes habían secuestrado jóvenes jujeños en Tucumán, entre los desaparecidos se encuentra Víctor Zafarov.

Resaltó que “absolutamente nadie de los secuestrados podíamos disponer de la vida o la muerte como sí los secuestradores".

Luego de los aplausos con los que el público despidió a Hilda, llegó el turno de Lucía Mercado, quien habló de Santa Lucía y todo lo que ocurrió en torno al Ingenio.

Contó cómo se modificó la vida en Santa Lucía con la instalación de la Base Militar en el ex Ingenio. “Era tal el respeto que le tenían a la autoridad constituida que se dejaron llevar a sus hijos", afirmó y agregó: "las autoridades militares creían que todo el pueblo de Santa Lucía era o colaboraba con los guerrilleros" por eso opinó que la decisión militar era “hacerlo desaparecer (al pueblo)".

A su vez destacó que "eran fuerzas especiales, preparadas, porque no cualquiera puede ser torturador".

Al finalizar la declaración el imputado Valdiviezo pidió la palabra para expresar que no estaba en Santa Lucía en 1975.

Posteriormente declaró Julio S. testigo víctima. La primera vez que lo detuvieron fue en abril de 1976. El 2 de mayo lo llevaron a Arsenales, él y su hermano fueron colgados.

La segunda, el 20 de julio, en Nueva Baviera y luego lo pasaron a Arsenales. Entonces estuvo con Soberón y Quinteros.

Julio era empleado público, tenía 36 años. Cuando lo detuvieron el Estado lo dejó cesante "el sueldo lo había cobrado otro", expresó. Contó que fue liberado el mismo día que Quinteros, Soberón y la señora Moyano.

Dijo que mientras estuvo en ex Arsenales se escuchaban disparos pero "dos veces a la semana se escuchaban muchísimos disparos. Era una sola cosa".

También resaltó que lo obligaron a firmar una declaración en Famaillá en 1986. “Las amenazas eran de autoridades provinciales”.

A su vez precisó que en el 76 quien recorría Caspinchango era Trucco, imputado en este juicio.

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