viernes, 6 de mayo de 2016

Comenzaron las audiencias por la causa Operativo Independencia, en la que se juzga a 20 represores

La primera huella del terrorismo de Estado

Se prevé que durante más de un año, más de mil testigos describirán ante los jueces la forma en que los represores ensayaron el plan de exterminio que se extendería al país tras el golpe de marzo de 1976. La fiscalía puso el acento en los delitos sexuales.

 Por Ramiro Rearte - Desde Tucumán

La primera audiencia en la sala del Tribunal Oral Federal de Tucumán por el Operativo Independencia.
Imagen: Télam.
Tucumán comenzó ayer a escuchar parte de su historia reciente pese a que muchos sectores políticos y sociales hubieran preferido no hacerlo: empezaron las audiencias de la megacausa por los hechos ocurridos desde febrero de 1975 hasta marzo del 76 en el marco del denominado Operativo Independencia. Veinte represores están imputados y se busca determinar el destino de 269 víctimas que estuvieron en diversos centros clandestinos de detención en la provincia. En ese territorio fue donde empezaron a montarse los centros de tormento como la “Escuelita de Famaillá” Diego de Rojas.

Ayer, desde muy temprano las inmediaciones del Tribunal Oral Penal Federal (TOF) se colmaron de organizaciones sociales que acompañaron a los familiares y a los querellantes en la extensa jornada de lectura de la imputación para cada uno de los veinte represores.

Días antes del inicio de las audiencias, los jueces tuvieron que armar el circuito para que los represores pudieron escuchar la lectura del Ministerio Público Fiscal. Estuvieron algunos presentes y otros desde Comodoro Py, por el sistema de teleconferencias. Como es habitual en las primeras jornadas de estos juicios, los abogados defensores hicieron planteos para demorar el inicio de la audiencia. A los 25 minutos de comenzada la jornada se tuvo que pasar a un cuarto intermedio para que los jueces Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Juan Reynaga evaluaran un pedido para separar del juicio a uno de los imputados. Hicieron lugar al planteo y Enrique Benjamín Bonifacino no será juzgado por su estado de salud. Sufriría Alzheimer y permanecerá bajo prisión domiciliaria en Buenos Aires. El informe del perito de la Corte Suprema de Justicia de la Nación fue determinante para que los magistrados accedieron al pedido de su defensor.

Cuando entraron los imputados a la sala los familiares de desaparecidos levantaron las imágenes de sus seres queridos, mientras que los familiares de los represores imputados, levantaron una bandera argentina y comenzaron a cantar el Himno Nacional. Cada sector marcaba su presencia, divididos por gendarmes.

Luego llegó el turno de la acusación de los fiscales Pablo Camuña y Agustín Chit, quienes se dividieron la lectura de la imputación, en la que detallaron el accionar represivo instalado en Tucumán, con la instrumentación del Operativo Independencia. A través de los diarios personales del genocida Abdel Vilas, se reconstruyó cómo la provincia fue dividida militarmente, y de qué forma “nació” la “Escuelita” de Famaillá como centro del terror.

“Fue el propio Vilas quien dijo que la comisaría de la localidad de Famaillá estaba en muy malas condiciones por lo que debían buscar un lugar alternativo para alojar de los detenidos subversivos. Fue ahí cuando se eligió a la Escuela Diego de Rojas, establecimiento construido entre 1972 y 1974. Allí los represores tuvieron entre 30 y 40 detenidos porque era la capacidad de la escuela”, sostuvo Camuña frente a los jueces.

“Es más, a la última aula de la escuela se la utilizó como sala de torturas. Allí había un equipo de grabación para tomar registro de las declaraciones bajo tormento y una radio, entre otras cosas. Entre febrero de 1975 y abril de 1976 pasaron por allí 1507 personas quienes fueron torturadas. Este lugar se encuentra a 36 kilómetros de San Miguel de Tucumán”, aseguró el fiscal.

Un apartado muy importante de parte de los fiscales Chit y Camuña fueron los delitos sexuales en contra de las mujeres desde que comenzó el Operativo Independencia. Violaciones en las casas, frente a sus maridos. Manoseos constantes en todos los puntos de control en la provincia. Violaciones y vejaciones en todos los campos de concentración. Se inauguró así por primera vez en la Argentina la violencia sexual en contra de la mujer, de forma sistemática. Muchas de las mujeres que sobrevivieron relataron su padecimiento. Muchas otras no pudieron hacerlo, porque murieron”, aseveró Camuña en parte de su relato.

Los acusados son Luis Armando De Candido, Ricardo Oscar Sánchez, Ramón César Jodar, Jorge Omar Lazarte, Roberto Heriberto Albornoz, Néstor Rubén Castelli, Enrique José Del Pino, Jorge Gerónimo Capitán, Miguel Angel Moreno, Alfredo Alberto Svendsen, Pedro Adolfo López, Casiano Pedro Burtnik, Julio César Meroi, Omar Edgardo Parada, Manuel Rubén Vila, Francisco Camilo Orce, José Luis del Valle Figueroa, José Ernesto Cuestas y José Roberto Abba.

Por el volumen de casos que se relevarán y el ofrecimiento de más de 1400 testigos, se calcula que el juicio durará más de un año. Las audiencias seguirán todos los jueves (jornada completa) y los viernes (media jornada), según lo dispuso el Tribunal Oral Federal.

Estuvieron presentes autoridades nacionales, provinciales y legisladores del Frente para la Victoria, como la presidenta de la Comisión de Educación, Silvia Rojkés de Temkin, quien dijo a Página/12, “vengo como una militante más a acompañar este proceso que sin dudas es muy doloroso, pero necesario para encontrar verdad y justicia”.

El horror íntimo

Una de las primeras imágenes que Fabiana Rousseaux retuvo de Tucumán fue la “intervención” de los militares en los álbumes de fotos de los cumpleaños. Ella es ex directora del Centro Ulloa de Asistencia a las Víctimas del Terrorismo de Estado y una de las especialistas convocadas a declarar en el debate por el Operativo Independencia como testigo de contexto. Ella habla de cómo la “ocupación” habilitó la idea del “centro clandestino a cielo abierto” donde “la escuela, las casas, el almacén, los clubes, todo estaba tomado bajo ese ‘terror naturalizado’”.

–¿Cómo entiende la ocupación?

–Durante los viajes que hicimos a varias localidades de la región, como Santa Lucía y Monteros, supimos que ese cordón de pueblos estaba militarizado. Hubo lugares en el que ocurrieron hechos de este estilo, tengo muy presente un caso de Reconquista donde tomaron una vivienda y se instalaron por dos años al menos y utilizaron esa vivienda como base de operaciones pero también a quienes vivían allí. Pero si bien es cierto que esas cosas sucedieron en otras provincias, lo significativo de Tucumán es que tomó un cariz más “sistemático” por decirlo de algún modo. Durante años esos pueblos, esas familias, vivieron literalmente “intervenidos” en su intimidad, por las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

–¿Cómo alteró eso la vida cotidiana?

–Por ejemplo, me contaron en un viaje que hicimos que hay familias que tienen sus álbumes familiares de fotos donde los militares están ‘interviniendo’ los álbumes ¿De qué modo? Habiéndose incluido forzadamente en esas fotografías dado que si había una fiesta, un casamiento, una fiesta de 15 años o lo que fuera, ellos tomaban esos ámbitos privados como propios. Llegaban, comían la torta, se sacaban las fotos como si fueran parte de ese espacio familiar y hasta podían tomar a las mujeres como objetos a ser utilizados al igual que los demás objetos domésticos. Durante el viaje capacitábamos y consolidábamos equipos de profesionales para que estén en condiciones no sólo de asistir y acompañar a los sobrevivientes y familiares en los juicios, sino también para realizar evaluaciones en el marco de las leyes de reparación que el Estado otorga a las víctimas.

–¿Ahí aparece una nueva manera de mirar el efecto social?

–Eso configuró un escenario novedoso que podríamos definir como una suerte de CCD a cielo abierto, es decir, que ya no fue necesario configurar los secuestros sólo en un espacio métrico, sino que se aplicó esa tortura sobre toda una población. En una suerte de lógica de espacio topológico, por llamarlo de algún modo, donde el efecto de terror se diseminó entrando en los cuerpos a través de la convivencia con ese espacio. Así la escuela, las casas, el almacén, los clubes, todo estaba tomado bajo ese “terror naturalizado”. En la Escuelita de Famaillá hasta el día de hoy –según tengo entendido– persisten relatos de vecinos que aluden a sonoridades fantasmáticas, como resultado de los hechos atroces que allí se vivieron, por la convivencia forzada con ese horror, que nunca es sin consecuencias.

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