jueves, 8 de agosto de 2013

Caso Milani: quedó detenido el único imputado por una desaparición en el 76

Por RUBÉN ELSINGER - TUCUMÁN. CORRESPONSAL

El militar Esteban Sanguinetti, único imputado en la causa por la desaparición en 1976 del conscripto riojano Alberto Ledo, quedó detenido en Tucumán tras ser indagado ayer por el juez federal Nº 1 de esta provincia, Daniel Bejas.

Ledo hacía el servicio militar obligatorio en el Batallón de Ingenieros en Construcciones 141 de La Rioja cuando desapareció. La compañía en que revistaba,  cuyo jefe era Sanguinetti, se encontraba en misión en Tucumán, en ese momento en el marco de la Operación Independencia de represión a la guerrilla rural. La versión oficial sobre su desaparición fue que había desertado y el encargado del sumario correspondiente fue el entonces subteniente César Milani, hoy jefe del Ejército.

Tras la declaración de Sanguinetti, el magistrado dispuso el secreto del sumario hasta resolver la situación procesal del imputado, al que se concedió la detención domiciliaria por razones de salud. Sanguinetti, de 71 años,  había designado defensor  luego de enterarse el 23 de julio, al retornar de España de que pesaba sobre él una orden de restricción de salida. Designó entonces como su abogada a la defensora pública federal Carolina Cuenya, se puso a disposición del juez y pidió infructuosamente la eximición de prisión.


Ver  cronología del ocultamiento e impunidad

Un importante documento sobre la desaparición de un soldado que firmó en 1976 el hoy controvertido jefe del Ejército, general de división César Milani, presenta incongruencias y extraños errores de fechas que tendrían que haber llamado la atención del juzgado federal de Tucumán, donde el expediente del conscripto estuvo inmovilizado.

Se trata nada menos que del acta de deserción del soldado riojano Alberto Agapito Ledo , estudiante universitario de historia, que habría sido asistente de Milani en Tucumán en 1976, dato que el general ha negado. Ledo, de 20 años, fue uno de los 129 conscriptos que desaparecieron, víctimas de la represión de la última dictadura. En casi todos los casos, el Ejército encubrió esos secuestros y desapariciones al presentarlos como fugas mediante sumarios por deserción fraguados.

Compañeros de Ledo afirmaron haberlo visto por última vez la noche del 17 de junio de 1976, cuando, junto al capitán Esteban Sanguinetti, jefe de la Compañía de Ingenieros de Construcciones, salió a hacer una recorrida en la ciudad tucumana de Monteros y no regresó.

Precisamente fue Sanguinetti quien, en el sumario que puede consultarse en la página del CELS, ordenó el 28 de junio de 1976 desde Monteros al entonces subteniente Milani, que se encontraba en la cercana Famaillá, que labre las actuaciones por la deserción de Ledo.

En la página 2, Sanguinetti agrega que el soldado falta sin causa justificada desde el 18 de junio.

    Milani firma en Famaillá la notificación de la orden al día siguiente, 29 de junio, "siendo las 18.30", pero en la misma hoja (pág. 1) ya informa a Sanguinetti que le eleva las actuaciones por deserción.

    Sin embargo, Milani comienza el acta el 29 de junio, "siendo las 10 horas" (pág. 5), es decir, ocho horas y media antes de recibir la orden que Sanguinetti le impartió.

    A todo esto, Sanguinetti no habría cumplido con el Código de Justicia Militar vigente entonces, que en el artículo 716 establecía que la deserción se consumaba cinco días y cinco noches después de la desaparición, por lo cual debió haber ordenado el inicio del sumario el 23 de junio, no el 28.

    Otra incongruencia: el sumario labrado por Milani incluye en su última foja (pág. 8) la "Orden del Día" del 29 de junio del Batallón de Ingenieros de Construcción 141 de La Rioja, en el que se da de baja a Ledo por desertor, pero, según una fuente militar, no se emplea allí la fórmula habitual, que incluye el día exacto de la baja, sino una de suma vaguedad: "Con anterioridad al 22 Jun 76, dese de baja al soldado.".

    El acta consigna que Ledo no sólo se llevó el uniforme que vestía, sino también una larga lista de elementos que le proveyó el Ejército y que no se hallaron entre sus pertenencias, como "una bolsa de completamiento, un plato hondo de acero inoxidable", un jarro, una cuchara, un tenedor y un cuchillo del mismo material, además de "una manta, un colchón neumático nuevo modelo y una bolsón portaequipaje", todo por valor de casi 18.000 pesos de entonces. Por supuesto, Ledo no tuvo oportunidad de llevarse nada.

El 4 de julio de 1976, su madre, Marcela, viajó a Tucumán para buscar noticias de su hijo y allí el Ejército le comunicó la deserción, que en realidad era una desaparición. Ella es la titular de las Madres de Plaza de Mayo de La Rioja.

Ayer, su hija Graciela Ledo, hermana de Alberto, tuvo que declarar a disgusto como testigo ante el fiscal de la Unidad de Derechos Humanos del Juzgado Federal de Tucumán, Pablo Camuña, cercano al gobierno nacional, a raíz de la denuncia que realizaron senadores radicales contra Milani. "Yo esperaba venir a declarar en la otra causa. Pedimos que se reactive la causa original [por la de la desaparición], que es lo que deberían haber hecho hace tiempo", afirmó. Graciela explicó que su hermano desapareció en Monteros luego de salir de recorrida con el capitán Sanguinetti: "Nos dijeron que se hizo desertor, algo que jamás vamos a creer. Esto fue una desaparición forzada". Hasta ahora, nadie en la justicia federal de Tucumán se animó a tomarle declaración indagatoria a Sanguinetti.

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